4.2.12

Pasos lentos...

Senor V., tiene 77 anios, es soltero y nunca tuvo hijos. Tiene la estatura media, cabellera escasa y muy blanquita, una cara regordete y muy arrugadita. Tiene ojos verdes que ya van cubriendose por sus parpados. Se levanta todos los dias a las 7:30 porque alguien prendio la luz de su dormitorio y grito: "el desayuno!". Se coloca sus dientes que reposaron toda la noche en un envase de plastico con agua. Sin ayuda, levanta su cuerpo hasta llegar al filo de su cama, sin miedo a caerse. Empieza a sacar el pan tostado del paquete, coloca sus dos bolsitas de azucar en el cafe y espera que venga alguien para que pueda abrir la caja de leche, pues su  coordinacion fina se deterioro por culpa de ese infarto cerebral.
Le pregunté como llego al hospital, y me responde que no recuerda, que solo sabe que se cayo en el trabajo y que de pronto ya estaba internado. No tiene mucha esperanza por la vida, segun sus propias palabras. Termina de comer en menos de 10 minutos, estira un poco las piernas, y espera que la enfermera pase a darle sus dos pastillas matutinas. Una vez medicado, vuelve a encogerse entre sus sabanas blancas. Le propongo caminar un poco, mueve la cabeza de forma negativa, y me responde: "later".
Al frente de el se encuentra el bello Senor E. quien me mira y con un tono seductor me dice: "hello darling"... mientras de su boca caen gotas de leche. Limpio sus dedos manchados de platano chancado. Cierra los ojos cuando pasa la comida, como si comeria espinas, es la disfagia que ataca a muchos. Me doy cuenta que no se puso sus dientes. El sonrie dejandome entender que tambien a su edad sabe empezar el dia con travesuras. Mira mi dedo anular y me dice: "no ring!" y le digo: "aun no lo encuentro". Me sonrie, con la boca llena de platano me propone matrimonio. Le respondo con un "quizas!", el me sonrie mas. Le coloco la taza de leche entre sus deditos. Le toma un minuto tomar el primer sorbo. Me despido por el momento con un "bon apetit".
Al otro lado de la habitacion esta el senor Hy., es asiatico y reacciona tardiamente a mi "bonjour M. Hy". En su muro puedo ver muchas fotos, una familia de aproximadamente 25 personas, entre sus hijos y nietos, y él en centro, sentado en una silla de ruedas muy sonriente.  Es dueño de cuatro farmacias, y hace años le diagnosticaron Parkinson. La enfermedad avanza y la necesidad de cuidarlo tambien. Sus hijos no podian ocuparse mas de él y fue lo mejor para ellos enviarlo a este instituto geriatrico montreales. Un tremendo complejo hospitalario que alberga alrededor de mil ancianos con diferentes enfermedades, unos mas grave que otros.
El senor V. se levanta rapidito, sin pantalon y usando un pañal "push up" como ropa interior, se apoya en su marchette, se coloca unas pantuflas azules gastadas, toma impulso en la cama, uno dos tres y ya esta arriba, le pregunto a donde va, me responde: pipi!
Aprovecho a su llegada para proponerle la caminata, el me acepta. Me pongo de cuclillas para ponerle el pantalon. El me responde con un bello "merci, merci beaucoup". Salimos del cuarto, camina lento, me cuenta que no le gusta mucho sociabilizar con los demas, porque "los otros" estan peor que el y no hablan bien. Me cuenta que estudio para ser cocinero, y que le gustaba mucho trabajar, sorprendentemente no le gusta la ensalada griega. Dejo Grecia cuando tenia 20 anios, en busca de mejor porvenir, nunca se caso porque no le intereso y nunca llego la mujer correcta. Ademas que de pronto se dio cuenta que le gustaba su soledad y que era mejor asi. El unico amor que tuvo a los 19 anios, tuvo que dejarlo por cruzar el atlantico. "Ella era un maravillosa mujer" me cuenta, mientras suspira profundamente.
Hoy no se arrepiente de no haberse casado, ni de no haber tenido hijos, en bromas me dice que es ahora el momento en que debe casarse porque necesita a alguien quien le ayude.
Regresamos a su dormitorio, un preposée lo espera para llevarlo a la ducha parcial. La siguiente semana sera mi turno. Regresa despues de 20 minutos, me pide que le rasure la barba que dia a dia crece. Paso la maquina por sus arrugadas y caidas mejillas. Se toca y aprueba el resultado. El regresa a su cama, "no no dormire, es solo para relajarme".
En la historia clinica del senor V. figura un antecedente de intento de suicidio. No le pregunto al respeto, no es bueno hacer sentir mal a las personas que ya avenjentadas por la edad, sufren en silencio. El almuerzo llega, y el se prepara para ir al "restaurante"; un salon grande con un televisor enorme, sillas y mesas, y una gran ventana que deja entrar un brillo solar en los dias claros. Camino junto al señor V. a su ritmo, muy despacio.
En el comedor hay aproximadamente 30 personas, algunas llegaron solas, a otras le ayudaron y a una pocas le empujaron en la silla. Todos uniformaditos con un babero azul claro, esperan la comida. Mi querido amigo V. recibe la comida al final, porque de todas formas sera el primero en partir. Come demasiado bien, el apetito no es un problema para el. Mientras yo ayudo a comer a una dama que en el estado avanzado de Alzheimer, grita a la ventana, senala al piso, y se mueve como rechazando algun golpe. Obedece a mi desentonado : "La bouche,madame!"... ella abre la boca, mastica y si encuentra un pedacito de apio, lo escupe. Sonrie y vuelve a gritar.
El buen V. se despide de mi, me dice "bye bye". Le digo que ire luego a verlo, "ok, see you".
A las 3:15 de la tarde, despues de hacer los reportes del dia, paso por su habitacion para despedirme. El siempre envuelto en las sabanas, solo y calmado, levanta la mirada triste.
"Nos vemos el lunes mr. V!"
"oh!, y hoy que estamos? jueves?"
"no!, hoy es martes!"
"falta mucho para el lunes!"
"no mucho, solo algunos dias"
Me despido con un fuerte apreton de manos, el cierra denuevo sus tristes ojos verdes.

Los dias pasan asi, lentos y vacios para mi buen amigo V. me pregunto si es ese el resultado de querer vivir solos, hasta donde puede ser dura una soledad?. El se muestra calmado, pero no feliz. Nada ronda por su cabeza, nada le atormenta, nada le distrae, el nada le causa solo nada. Esta vaciamente tranquilo, pero tranquilo al menos.

Soy consciente que en este camino que decidi tomar tengo que dejar mi lado terriblemente sensible, en el casillero y no quebrarme al lado de esos cuerpos desgastados por las enfermedades y los años.
 
Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena.


A usted Mr. V.